Por Carlos Alonso

Punto 1

Tiendo -en realidad, todos tendemos- a relacionar punk con amateurismo. En mi mente son conceptos análogos. Antònia Font 1 tienen una estupenda línea en que gritan "que es mon sigui sempre dels aficionats" 2. Ahí radica buena parte del sentimiento que inspira esta primera columna de opinión. Y lo cierto es que el amateurismo, o mejor sea dicho, el hacer clang clang con entusiasmo y sin creerse músico, está en horas bajas. De ahí mi desinterés por lo que hoy se vende como punk. Aunque aún subsiste quien grita sin saber muy bien porqué, si acaso por el puro gusto. Parece ser que errores de concepto tan notables como "labrarse una carrera musical" o "hacer de la música una profesión", que algunos cacarean con orgullo en entrevistas -como si el hecho de institucionalizar el goce espontáneo no fuese a acabar del todo con el goce- se han normalizado y estas sandeces se tienen por declaraciones de alto contenido intelectual. Y con estos errores llegan las ínfulas, las pretensiones y al fin, las interpretaciones asépticas a cambio de un sueldo. El tocar como si se estuviese arreglando un conmutador averiado. Trabajo. Puro trabajo.

Punto 2

Asaltan las dudas ¿verdad? El primer resquicio lo tendrán casi seguro los profesionales ofendidos: ¿No me puedo ganar la vida con la música, entonces? Por supuesto, pero sólo si se hace despreciando la profesión repetidamente hasta que esta yace en el fondo de una fisa abisal/cerebral sin significado alguno. Basta con tocar la guitarra y/o gritar yeah! Yeah!. El público de por aquí abajo, incluyendo a los que hemos cantado o tocado alguna vez, estamos ya hartos de la trascendentalización del músico. Y aún más si lo hace equiparando su actividad con la de otras profesiones. Que uno haga lo que le salga de sus adentros. Sin más consideraciones. Yeah yeah, clonc clonc. Y déjense de cosas. No es tan contradictorio como parece. Llevémoslo a otro terreno: siempre me han caído mal los autoproclamados Escritores, contra aquellos otros que sólo dicen escribir libros de cuando en cuando. El punk, y ahora me voy a poner en plan Grail Marcus 3 con sus abruptos saltos espacio-temporales, nació del rechazo. Rotten dijo que NO, que se jodan, que jodan su trabajo y su orden. Y no hay rechazo integrado. No se puede organizar el comercio del rechazo en una sociedad que vive del comercio.

Punto 3

Por todo esto: pienso en lo que ha sido de todo aquello de lo que me separé hace unos ocho años y que no sé si está del todo muerto, la "escena", eso que si acaso ahora resucitamos; no me importa ya, de cualquier forma. El caso es que pienso en la parte buena, y no en los grupetes de estúpidos que venían disfrazados como gangsters y que hacían bailes estúpidos con sus chándales estúpidos. Pienso, por ejemplo, en todos los conciertazos contemplados en cuevas, en pequeños locales o en el extinto Garatge 4 -Dios lo guarde, aún con su pésimo sonido-. Todo lo que he podido conversar con los integrantes de los grupos que he admirado. Todo lo que he disfrutado gracias a este escenario reducido, al margen del "éxito" (del malo, del éxito GRANDE y malo) y de la profesionalización. Ahora, siempre que escucho aquellos lamentos sobre tal estupendísima banda, o sobre aquel bárbaro sello inglés, sobre cómo podrían triunfar y vender y subir y ser grandes, formulo el mismo antideseo egoísta: que no triunfen, que no se hagan más grandes, que se queden de mi tamaño.

Punto 4

Yeah yeah, clonc clonc. Ese es el mensaje capaz de destruir el Trabajo Musical. Justo lo que necesitamos.

 

1 Grupo barcelonés 

2 "que el mundo sea siempre de los aficionados"

3 Una enorme recomendación para profundizar sobre punk y su lugar entre las vanguardias revolucionarias: Rastros de Carmín, por Grail Marcus, Ed. Anagrama.

4 Un lugar en Barcelona, similar al Alicia aquí en el D.F.